domingo, 7 de febrero de 2021

Poema nº 48. ¿De dónde soy?

 

 


¿De dónde soy?

  

Los otros días, estando en Conil,

un viejo amigo me presentó:

-El vivió aquí, ahora vive en Sevilla,

pero nació en un pueblo de Jaén.

 

 Así resumió mi trayectoria.

Añadí: Jaén era la tierra de mis padres

y Begíjar, donde nací. Además,

mi forma de hablar es de por allí.

 

Tengo rasgos y vivencias que son

de varias familias: una de posaderos,

otra de agricultores, cargueros, muleros…

En definitiva, todos jornaleros del campo.

 

 Mi familia, como todas, mezcla personas y oficios,

yo también añado los lugares donde nací y he vivido.

Hoy me siento mezcla de la tierra de mis padres

y por otro lado, la tierra que a mi hija vio nacer.

 

De la tierra en la que nací, me fui temprano,

para huir del campo, como advertía mi madre,

y, quizás por eso, siempre estoy dispuesto a volver.

Volver al pueblo que me vio huir, al poco de nacer.

 

 A estas alturas, cuando mi mujer y yo hemos vivido

casi veinte años de este siglo y cerca de la mitad del pasado;

ahora serán nuestros miedos y deseos, junto a nuestra hija,

los que decidan dónde pasar lo que nos quede por vivir. 


sábado, 23 de enero de 2021

Poema nº 47. Mis labores principales




 

Mis labores principales

  

Ahora, que estoy jubilado,

mis labores principales son:

aprender a renunciar,

hacer lo que me asignan

y discutir lo menos posible.

No me quejo de la situación,

solo me paro a constatarla.

 

Como soy sexagenario,

con el pelo cano, algo calvo

y, según mi médico,

con sobrepeso importante,

me he especializado:

aprendo a mezclar

los dolores con los recuerdos.

 

Me jubilé, me regalaron un viaje,

antes lo celebré con

casi todas mis compañeras.

Mi mujer y mi hija

también estuvieron.

Otro día, que fueron dos,

fue con los amigos.

 

Después, al poco tiempo,

noté algo de vacío.

Los nervios de los últimos años

dejan huella, no olvidan.

Ahora estoy más tranquilo.

Con placer, paseo a mi perro,

leo, escribo y algunas cosas más.

 

Disfruto del tiempo libre.

También, en algunas ocasiones,

estoy aprendiendo a callarme,

otras veces, si me apetece

y creo que merece la pena,

presto mucha atención

y oigo lo que no se dice.

sábado, 2 de enero de 2021

Poema nº 46. Mi jubilación anticipada

 



 

 Mi jubilación anticipada

 

Hace un año mi administración,

educativa por supuesto,

me concedió la jubilación.

Tuve que solicitarla, pero fue fácil.

Supongo que esta vez,

sí sabe lo que hace.

 

Ella, siempre alerta, vela

por sus intereses particulares.

Tengo la sensación

de que con frecuencia lo hace.

Ahora, además, lo hace

de forma anticipada.

 

Los bienes materiales

obedecen a inventario,

los fungibles se reponen

y son nuevos, a estrenar.

Los métodos, pocas veces,

se modificaron en profundidad.

  

Eso sí, con habilidad,

los acomodaron a la situación.

La práctica pedagógica,

frente a la pura teoría externa,

ya que se ha hecho, la mayoría,

sin pisar la escuela.

  

En su tiempo, mi maestro

me eligió para estudiante,

notas y buen comportamiento,

el familiar incluido.

Quizás convencido de que sin ambiente

no se estudia y, a veces, con él, tampoco.

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

Poema nº 45. ¡Qué pena!

 

  


                                                

  ¡Qué pena!  


Qué pena me dan los muertos.

Cuando los imagino a todos, allí,

en sus cementerios, tan quietos,

rodeados de tanto silencio.

  

Qué pena me dan tan callados.

Sería mejor que todos hablaran

y contaran el dolor que sufrieron,

hasta que la muerte se hizo con ellos.

  

Qué pena me dan que no cuenten,

además del dolor de la muerte,

la falta de comprensión ajena,

rodeada de su dura decadencia.

  

Ellos fueron los primeros en notar,

qué rápido lo importante se olvida,

qué pronto todo se cae de las manos

y qué fácil la muerte domina la vida.

                                                                                              

Qué pena me dan los muertos,

allí, tan quietos, tan callados,

todos rodeados de tanto silencio

y sin contar el dolor que sufrieron.

  

Y recordando a nuestros muertos,

no deberíamos olvidar a los vivos.

¿Hasta cuándo vamos a consentir,

que tantos mueran al comenzar a vivir?



martes, 8 de diciembre de 2020

Poema nº 44. Aprendemos a envejecer

 




 Aprendemos a envejecer

 


Carmela, tú y yo envejecemos.

Envejecemos, porque hace tiempo

que surgió nuestro amor primero;

envejecemos porque las caricias son someras

y vivimos rodeados de recuerdos;

envejecemos porque el tiempo ha pasado

y nuestro amor ya está algo cansado.

 


Amor mío, tú y yo envejecemos.

Envejecemos, cuando recordamos nuestros

cuerpos jadeantes exhalando miradas de amor,

cuando recordamos las tardes de cariño,

aquellas tardes que parecían no tener fin,

cuando recordamos que con una sola mirada

y una insinuante sonrisa casi todo se decía.

 


Cariño mío, tú y yo envejecemos.

Envejecemos, cuando flaquean las fuerzas,

cuando ves que el ímpetu no se desboca,

cuando hablamos con menos palabras,

cuando las miradas son más cortas,

cuando las mejores caricias son las recordadas

y cuando una intensa serenidad predomina.

 


Corazón, tú y yo envejecemos.

Envejecemos, cuando nos paramos a pensar

y los recuerdos hacen que añoremos lo pasado,

cuando con tanto placer evocamos

el agradable roce de nuestros cuerpos,

de cuerpos próximos, jóvenes y desnudos,

que se estremecían y se volvían a juntar.

 


Mujer, compañera, tú y yo envejecemos.

Envejecemos, cuando ya casi nada provoca,

cuando notas que hay otra sensualidad,

cuando nos sentimos más humildes

y, conscientes, aceptamos renunciar.

Hoy, Carmela, amor, mujer, compañera;

hoy, estamos aprendiendo a envejecer.



 

domingo, 29 de noviembre de 2020

Poema nº 43. Vacío de muerte



 

Vacío de muerte


En una noche negra de tormenta,

poco antes de la primavera,

sé que estuve cerca de la muerte.

 

Fue una noche tan oscura y tan larga

que duró cincuenta y dos horas;

hasta que la muerte me permitió abrir los ojos.

 

En ese momento, mis primeros recuerdos fueron:

un coche rojo, un tramo recto de carretera,

una curva y, luego, un vacío de muerte.

 

Un vacío negro, que la muerte no hizo suyo.

A mi lado, en aquel hospital de ladrillo rojo,

mis padres rogaban mi salvación.

 

Antes de irse, los médicos, por si acaso,

aconsejaron que me llamaran a menudo.

Así, podría volver a este mundo.

 

Que mi cuerpo decidiera responder

era lo único que me podía salvar.

Ellos ya no podían hacer nada más.

 

Allí, de forma callada y silenciosa,

la muerte se enfrentó con mi juventud,

y la vida ganó la batalla.

 

Sin saber por qué, con las primeras luces del día,

en voz baja y algo temblorosa, pregunté:

-¿Dónde estoy? ¿Qué hacemos aquí?

 

Lo que primero fue rabia y dolor,

luego pasó a ser llanto y desconsuelo,

y, más tarde, se celebró con alegría contenida.

 

A partir de entonces, decía mi madre:

-Tú cumples años dos veces. Una, la tuya; y otra, la mía.

Para ella, yo había nacido la vez primera y, también, aquel día.


viernes, 13 de noviembre de 2020

Poema nº 42. Miradas que me hablan


  

Miradas que me hablan

 

Ahora que estamos tranquilos,

quiero mirarte cuando hables,

para que tus miradas serenas

se conviertan en palabras,

aunque sean palabras soñadas.

 

En ese momento, tú mirarás

y yo oiré las palabras soñadas.

Y tú percibirás un poder justo

y yo entenderé, estando tú callada,

que el poder no cometerá más abusos.

  

Pasado un momento, de nuevo hablarás,

usarás sonoras palabras y miradas cortas.

Serán miradas cortas, la mayoría, sencillas,

pero también encontraré algunas sinuosas.

No sé por qué, pero hallaré muchas miradas.

 

Y yo, que prestaré atención a lo que tú dices,

percibiré que tus miradas irán en muchas direcciones

y, además, en tus miradas veré lucha, contradicción.

Veré una lucha, incruenta, entre diferentes facciones,

hasta comprobar que la duda dará a la vida belleza.

  

Ya al caer la noche, tus miradas serán palabras claras,

serán tan claras, tan claras, que todo se entenderá.

Yo estaré muy atento, tan atento que solo te miraré,

y al estar tú callada comprenderé todo lo que digas.

Es curioso como la noche aportará claridad.

 

Y entonces, en silencio los dos,

siendo ya noche cerrada, sin palabras,

ambos veremos cómo la justicia y la razón,

juntas las dos, acompañadas de tu mirada,

una vez y otra más, dominarán la venganza.