sábado, 11 de mayo de 2019

Poema nº 17. La vida, a veces


La vida, a veces
 
La vida, a veces,
nos enseña amores idos,
que son solitarios, vagabundos,
errantes como ríos revueltos
que abandonan los cauces
y arrasan todo a su paso.
 
Amores que dejan huellas indelebles,
que causan heridas y mucho dolor.
Se van y todo lo próximo se vuelve rebelde,
todo queda dañado, todo parece vencido.
Tienen esa fuerza enorme
que destruye sin miramiento.
 
Pero, a veces, ocurre
que aun estando todo afectado,
pronto surgen brotes.
De nuevo nacen hierbas sueltas
y, como nuevos cauces,
aparecen otros amores queridos.
 
Estos amores harán dormir a los anteriores,
por ser más nuevos y más fuertes.
Aparecen risas felices mezcladas con sueños.
Mientras, la vida pasa lentamente,
parece agua de manantial, fría y cristalina,
que se escapa entre los dedos de las manos.
 


martes, 23 de abril de 2019

Poema nº 16. Qué bonito

  
Qué bonito
 
Qué bonito poder mirarte,
poder mirarte fijamente a la cara,
enfrentar tus ojos a los míos,
enfrentar tus ojos a mi mirada.
 
Hoy quiero hablarte,
hablarte con la mirada,
y así, callado, muy callado,
mirarte fijamente a la cara.
 
Quiero que me oigas bien,
para que veas y compruebes
lo arrebatador que es,
estar a tu lado en este día tan claro.
 
Y así, llegado el momento,
con alegría y a plena luz,
poder contemplar
tu cuerpo desnudo.
 
Tu cuerpo desnudo,
encendido, sinuoso, ondulado…
En el que pueda pasear
una mirada viva, sugerente.
 
Decir u oír, muchas cosas,
y estar con la boca cerrada.
Y así, poder contemplar, cuando te vas,
tu maravillosa forma de ser y  estar.
 
Y cuando llegue el momento,
y así lo hayamos decidido,
nos iremos a vivir, los dos,
donde la vida nos lleve.
 
Donde nos despierte la brisa
de una ventana medio abierta
y, con dulzura, nos arrulle un viento
fresco y suave, como el que viene del mar.
 


viernes, 5 de abril de 2019

Poema nº 15. Mi hija no tan pequeña

 

Mi hija no tan pequeña
 
Porque cargado de penas vengo,
vete, no sea que acabes sufriendo.
Quien te buscó, sin consuelo,
al perderte en la playa.
Donde por la mañana vamos, 
de vez en cuando, nos peleamos.
 
Porque quiero que seas más fuerte,
vete, si te quedas, lo echamos a suertes.
Quien te hacía soñar con fantasías
y medias verdades, ahora te añora.
Donde la llevo por las mañanas,
ella va con pocas ganas.
 
Porque a tu lado yo quisiera estar,
vete, y así tú más libre serás.
Quien te oía contar sueños
en tus juegos y, a veces, barbaridades.
Donde ella tiene su cama y duerme,
entre cuentos y juguetes, te pierdes.
 
Porque decidí que por mí no sufrieras,
vayamos donde y como tú quieras.
Quien te dio tus primeros baños
y luego te hizo la coleta lateral.
Donde más la recuerdo, feliz
y contenta, es con el agua jugando.
 
Porque quiero que veas el mundo,
tú sola debes decidir el rumbo.
Quien de pequeña te leía, todos los días,
el cuento de un hombrecillo indomable.
Donde más la quiero ver u oír,
es con amigos y familia, lista para reír.
 
Porque deseo que tú misma seas,
de lo que haya, coge lo que veas.
Quien te miraba cuando caías rendida,
y sigiloso te daba el beso de puntillas.
Donde más hemos sufrido,
los dos sabemos cómo ha sido.
 


miércoles, 20 de marzo de 2019

Poema nº 14. Mi hija pequeña

Mi hija pequeña

 
Cuando algo presiente,
insisto que venga, y me lo cuente.
Como no quiero que se vaya,
estoy aprendiendo a dejarla.
¡Cuánto, mi niña, te necesito,
que sin ti, ya casi no existo!
 
Cuando quiero que juegue,
la llamo y, a veces, viene.
Como aspiro a que sea ella,
a mi manera, procuro recordarla.
¡Cuánto, mi niña, te adoro,
que tus penas las cojo y las robo!
 
Cuando escucho lo que cuenta,
si sonrío, me encuentra.
Como pretendo que aprenda,
trato de que no tenga rienda.
¡Cuánto, mi niña, te quiero ver,
jugar, luchar y, sobre todo, volver!
 
Cuando corre y salta,
si tiene fatiga, descansa.
Como le pido que se levante,
da la vuelta, y me dice que aguante.
¡Cuánto me duele tu ausencia,
que con tanta plenitud disfruto de tu presencia!
 
Cuando le apetece canta,
bien o mal, según su garganta.
Como, a veces, tiene caprichos,
llora y me pone en entredicho.
¡Cuánto deseo tu vuelta que, con la boca abierta,
pierdo la cuenta de los aviones que llegan!
 
Cuando sus cosas me dice,
unas las inventa; en otras, se contradice.
Como me gusta que lea,
a menudo, coge los cuentos y los hojea.
¡Cuánto te echo de menos, que miro
tus fotos con los ojos de lágrimas llenos!
 
 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Poema Nº 13. La muerte

 
La muerte
 
Cuando aparece la muerte dolorosa,
cuando te invade la fría tristeza,
cuando te inunda la soledad,
cuando desaparece la persona querida,
cuando la emoción está a flor de piel,
cuando pasa todo esto, ¿qué pasará?...
 
Entonces, subido al púlpito, predica el cura:
no tengamos miedo, la vida no termina.
La vida de los hombres no termina con la muerte.
Los finados están en buenas manos. Manos que aman.
Están con nuestro Dios, siempre dispuesto a perdonar.
Allí, inmensa felicidad, lugar de luz y de paz, de inmortalidad…
 
Es ahora cuando el sermón
te recuerda la vida eterna,
y con él, todo se inunda de tranquilidad.
La presencia divina anega todo lo demás,
la religión ya no es un freno. Daos la paz.
¡Pero el que no esté conmigo se condenará!
 
Se condena a la muerte dolorosa, fría tristeza,
soledad, delante de la persona querida, emoción.
Por un lado, vida eterna, paz inmensa y tranquilidad.
La presencia divina inunda, todo lo llena.
Por el otro, si estoy fuera,
tengo miedo, me puedo condenar.
 
Es mejor, por seguridad, estar en el grupo.
Te va a favorecer, te va a ayudar.
Sin criterios. Siempre son favores debidos.
Si no te toca, resignación. Otra vez será.
Si no eres de los míos, no eres nadie.
Dice el dicho popular.
 


martes, 26 de febrero de 2019

Poema nº 12. El sentido de la vida


 
El sentido de la vida  

Cuando aún era temprano,
mientras paseaba, corría un aire suave.
Era una brisa que te envolvía, que te arropaba.
También iba conmigo un ánimo frágil, delicado,
es posible que, de vivir, algo cansado.
 
Paseaba tranquilo, sin rumbo fijo,
como una barco a la deriva, pero no iba perdido.
Percibía en la cara el frescor de la mañana,
y como todo estaba tan silente y tan quieto,
no esperaba que pasara nada.
 
Sin embargo, de repente,
me encontré con una cara desencajada,
una cara que reflejaba una muerte cercana.
Pronto supe, por sus palabras entrecortadas,
que se trataba de la muerte de una persona amada.
 
Así, de pronto, sin yo esperar nada,
apareció  ante mí, la muerte imprevista.
Mi ánimo, poco antes frágil y delicado,
se tornó vigoroso y noté que, en el aire y en mi mente,
ahora, la vida había cobrado más sentido.
 
La muerte, siempre dolorosa,
al verla en las personas, próximas o lejanas,
nos da miedo, nos da que pensar.
Pero cuando el dolor se ha calmado,
los recuerdos nos ayudan a vivir.
 
Llenamos el aire y la mente de palabras vivas,
de recuerdos que nos amparan y ayudan,
que necesitamos para seguir viviendo.
Conviene aprender que, llegado el momento,
hay heridas que no se curan ni con el tiempo.

 

domingo, 10 de febrero de 2019

Poema nº 11. Quiero tantas cosas…

 
 Quiero tantas cosas…
 
Quiero hablarte callado,
para poder mirarte;
y que tú, alegre, me veas.
 
Quiero verte cuando ríes,
para, con la mirada, preguntarte;
y que tu sonrisa me responda.
 
Quiero abrazarte a menudo,
para sentir tu cuerpo;
y, más tarde, añorar tu presencia.
 
Quiero recordarte joven,
para, alegre, sonreírte;
y que tú, de esta manera, seas más feliz.
 
Quiero buscarte en los recuerdos,
para, entre los dos, cambiarlos;
y que tú salgas más veces a mi encuentro.
 
Quiero volver a encontrarte,
para, con serenidad, convencerte;
y que tú, con alborozo, me invites a entrar.
 
Quiero unirme a ti,
para que, después, nos rodee la calma;
y luego, estando muy juntos, soñar.
 
Quiero que, radiante, vayas de boda,
para que, cuando termines, me  busques;
y después, al vernos, la alegría nos haga brindar.
 
Quiero ir otra noche al cante,
para allí estar juntos, muy juntos;
y, de esta manera, volver a empezar.

 
Quiero comenzar de nuevo,
para tratar de olvidar nuestros errores;
y que, cuanto antes, nos podamos perdonar.
 
Quiero mirarte a la cara y despedirme sin prisas,
para que seamos rosas naturales inmarcesibles;
y, así, y en silencio, recordemos siempre nuestras palabras.