sábado, 19 de marzo de 2022

POEMA Nº 53. LA ROSA


 

La rosa

 

Así es la rosa, decía el poeta,

y por eso, así la vemos.

Envuelta en dolor y risas,

fundida con sangre y alegría.

 

 Ahí está quieta, sin moverse.

Sin embargo, siempre nos dice

y, en algunas ocasiones,

parece que también hace.

 

 Por eso, alguien la mira y sueña.

Sueña con la belleza y

quiere que acabe la pena,

que no haya más miseria.

 

 Recuerda cuando era joven,

cuando trabajar era vivir,

cuando no dolía el frío,

cuando no helaba la mañana.

 

 Cuando las horas eran cortas,

cuando madrugar solo era comenzar,

cuando esperar suponía disfrutar,

cuando el encuentro hacía olvidar.

 

Ahora muchas cosas han cambiado.

Ya no se ensueña y cuesta dormir,

ahora duele trabajar y, más aún,

si no lo puedes hacer.

 

Ese arrastrar del mantón que pesa,

ese coger naranjas del árbol mojado,

ese recolectar la fresa, aunque duela

y así, hasta que la sequía acabe y más...

 

 

 

viernes, 11 de febrero de 2022

POEMA Nº 54. TU PRESENCIA

 



Tu presencia

 

Sentado en mi vieja casa, junto a la ventana,

la que da a la calle, veo un cielo azul y limpio,

uno de esos que quedan después de llover.

También veo cerca pajarillos que revolotean.

 

A esta otra parte del salón, frío e impecable,

están los mismos muebles de siempre.

Al mirarlos compruebo que todo sigue igual,

todo sigue igual que tú lo dejaste hace tiempo.

 

De nuevo, la soledad me invita

a recordar tus caricias con fuerza,

también me duele algo tu olvido, pero

sobre todo, me hace daño tu ausencia.

 

Por eso, cada vez más, quiero,

necesito que vuelvas pronto,

y así, podemos estar juntos

y juntos, nos curaremos las heridas.

 

Y por si todo lo anterior fuese poco,

has de saber que, en este tiempo sin ti,

la casa está mucho más fría e inhóspita

y, más que nada, añoro tu presencia.

  

Ya sabemos, por propia experiencia,

que nada cambia con solo pensarlo.

Te propongo que dejemos de ir de un sitio a otro

y volvamos al calor de nuestra vieja casa.



sábado, 25 de diciembre de 2021

POEMA N.º 55. BUSCO UN LUGAR PARA VIVIR


 

 

Busco un lugar para vivir

 

Ahora que vivo con menos prisas

busco un lugar para vivir,

pero no me vale un lugar cualquiera.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos podamos andar nuestros propios pasos

y, así, intentar llegar hasta donde nos lleve la vida. 

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos podamos hablar, bailar, caminar

o estar en plena calle, si nos apetece.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos vivamos rodeados de personas

pendientes de que disminuya la brecha.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos queramos utilizar los recursos

para cuidar de la tierra y de sus animales.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos demos importancia a lo que hacemos,

más que a lo que aparentamos.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos queramos contribuir a los gastos,

y más los que más tenemos.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos defendamos lo que es común

y que por eso nadie sea enemigo.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos podamos escuchar el sonido

del agua clara cuando corre.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos podamos ver, aunque sea un instante,

nuestros rostros reflejados en el agua clara.

 

Busco un lugar para vivir,

donde todos podamos contemplar, muchas veces,

las seductoras risas de un niño feliz.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

POEMA N.º 56. DESDE MI VENTANA

 


Desde mi ventana

 

En estos primeros

y fríos días de febrero,

desde la ventana

de mi habitación,

parece que se

han derramado

muchas flores bonitas

de un jazmín amarillo.

  

Allí, quieto, rebosante,

él colma el arriate.

 Además da la impresión

de que del cielo, de repente,

se han caído miles

y miles de flores.

Son un regalo que

anticipa la primavera.

  

Hay un silencio que me

envuelve y hasta me abraza,

pero también me hace notar

tu ausencia y mi soledad.

Embelesado con estos recuerdos,

contemplo las flores amarillas,

que nos anticipan la primavera

y que consuelan, aunque sea poco.

 

 

domingo, 17 de octubre de 2021

POEMA N.º 57. DE LA CALLE

 


De la calle

 

De sopetón, de la cruda realidad,

de la realidad de una cuerda tirante,

de  repente, ves el cuerpo sin vida.

¡Qué duro debe ser llegar de la calle

y encontrar el cuerpo quieto,

inmóvil, desfigurado, muerto…!

  

De pronto, de la realidad al recuerdo.

¿Dónde quedó aquel niño cariñoso?,

¿dónde se fue el hombre amable?

Ya no vemos al joven sonriente,

aquel mozo guapo de bonitos ojos azules

que todavía no tenía cuarenta años.

 

Y ahora, la realidad de la calle.

Desde la calle se oyen rumores,

de la calle se escuchan lamentos,

de la calle brotan llantos de dolor.

En la calle todos hemos perdido

en su breve y cruel huida hacia la nada.

 

Por eso digo a todos los presentes,

a los que sois creyentes y a los que no.

También a todas las personas de buena fe

y, más aún, a los que son de la calle.

A todos os aseguro, que ni hay culpables

ni la culpa es de nadie ni el suicida es pecador.

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

POEMA Nº58. LA PUERTA VERDE DE MI CASA


 

La puerta verde de mi casa

 

Tiene mi casa una puerta verde y grande

flanqueada por dos árboles que yo sembré.

Hoy, ya enormes, atentos siempre vigilan.

 

Sé, con total seguridad, que los dos

me defienden de los peligros de la calle

y, quizás por eso, dan frutos diferentes.

 

En ocasiones, me siento debajo de uno de ellos

y, con tranquilidad, observo el otro.

Enseguida, percibo que me está mirando.

 

Es evidente que, mientras ofrecen vida,

comunican y, además, con proximidad;

tienen una mirada que acerca las cosas.

 

A veces, me hablan muy en serio,

me hablan con palabras dulces y cadenciosas.

Creo que quieren que vea la vida a su manera.

 

El que más miro, al final del invierno,

tiene bonitas flores blancas que, lentamente,

se deshojan. Más tarde brotarán las almendras.

 

Este, con sigilo me hace ver muchas cosas.

Las veo como si estuvieran quietas.

Quietas y reflejadas en un espejo brillante.

 

Como buen observador ni influye

ni aplaude ni condena, solo se dedica

a dejar constancia de lo que sucede.

 

Hace poco, con temor, casi susurrando,

me dijo que ve cómo, cada día en la calle,

hay más violencia: una gratuita; y otra, de pago.

 

También me habló, con mucha seriedad,

del aumento continuo de la soledad.

De la soledad desierta y de la acompañada.

 

Mientras, el otro árbol, el que está a mis espaldas,

mueve sus ramas. Se prepara para, muy pronto,

ofrecer miles de pequeños balines apiñados.

 

lunes, 31 de mayo de 2021

POEMA Nº 59. EL OCHO DE MARZO DE 2018



El ocho de marzo de 2018

 

Mi madre, que ya no está con nosotros,

de joven subía la cuesta con su canasta llena,

plena de ropa blanca, húmeda y recién lavada.

Se la echaba a las ancas y llegaba a su casa cansada,

aunque contenta, por tener sus sábanas limpias.

De profesión sus labores y ayudar en el campo.

No fue a la guerra, pero perdió muchas batallas.

 

Mi madre, forzada a luchar solo por el presente,

estaría feliz si viera cómo mejora todo,

pero especialmente, el futuro y sus nietas.

En sus días finales, con la pensión mínima,

tuvo más dinero del que sabía y podía gastar.

Ayer, fue un feliz ocho de marzo reivindicativo

y, más aún, para la mayoría de las mujeres.

 

Mi madre, hoy, que es el futuro de entonces,

no puede ver ni disfrutar los adelantos que hay,

pero sí comprobó cómo, el tiempo y la desidia,

destruyeron los dos lavaderos públicos:

El que había en lo bajo de mi calle 

y el que estaba en la otra punta del pueblo.

El progreso los arrasó a cambio de nada.

 

Mi madre anhelaba siempre nuestras visitas,

por eso, al besarnos veíamos su dolor no cicatrizado.

Y, al irnos, nos despedía con el mismo tintineo:

“Ya os vais otra vez, qué poco dura lo bueno…”.

En su interior había miles de deseos no alcanzados.

Eso sí, cuando se arreglaba para que fuéramos

a cualquier sitio, de contenta, le brillaban los ojos.

 

Mi madre murió en mayo de dos mil trece,

siempre tratando de vencer el día a día

para poder mejorar el futuro de los suyos.

Pero nunca llegó a comprender del todo

por qué en Canal Sur daban tantas voces

ni por qué repetían tanto las cosas.

Quizás porque la ven muchos mayores...