miércoles, 1 de septiembre de 2021

POEMA Nº58. LA PUERTA VERDE DE MI CASA


 

La puerta verde de mi casa

 

Tiene mi casa una puerta verde y grande

flanqueada por dos árboles que yo sembré.

Hoy, ya enormes, atentos siempre vigilan.

 

Sé, con total seguridad, que los dos

me defienden de los peligros de la calle

y, quizás por eso, dan frutos diferentes.

 

En ocasiones, me siento debajo de uno de ellos

y, con tranquilidad, observo el otro.

Enseguida, percibo que me está mirando.

 

Es evidente que, mientras ofrecen vida,

comunican y, además, con proximidad;

tienen una mirada que acerca las cosas.

 

A veces, me hablan muy en serio,

me hablan con palabras dulces y cadenciosas.

Creo que quieren que vea la vida a su manera.

 

El que más miro, al final del invierno,

tiene bonitas flores blancas que, lentamente,

se deshojan. Más tarde brotarán las almendras.

 

Este, con sigilo me hace ver muchas cosas.

Las veo como si estuvieran quietas.

Quietas y reflejadas en un espejo brillante.

 

Como buen observador ni influye

ni aplaude ni condena, solo se dedica

a dejar constancia de lo que sucede.

 

Hace poco, con temor, casi susurrando,

me dijo que ve cómo, cada día en la calle,

hay más violencia: una gratuita; y otra, de pago.

 

También me habló, con mucha seriedad,

del aumento continuo de la soledad.

De la soledad desierta y de la acompañada.

 

Mientras, el otro árbol, el que está a mis espaldas,

mueve sus ramas. Se prepara para, muy pronto,

ofrecer miles de pequeños balines apiñados.

 

lunes, 31 de mayo de 2021

POEMA Nº 59. EL OCHO DE MARZO DE 2018



El ocho de marzo de 2018

 

Mi madre, que ya no está con nosotros,

de joven subía la cuesta con su canasta llena,

plena de ropa blanca, húmeda y recién lavada.

Se la echaba a las ancas y llegaba a su casa cansada,

aunque contenta, por tener sus sábanas limpias.

De profesión sus labores y ayudar en el campo.

No fue a la guerra, pero perdió muchas batallas.

 

Mi madre, forzada a luchar solo por el presente,

estaría feliz si viera cómo mejora todo,

pero especialmente, el futuro y sus nietas.

En sus días finales, con la pensión mínima,

tuvo más dinero del que sabía y podía gastar.

Ayer, fue un feliz ocho de marzo reivindicativo

y, más aún, para la mayoría de las mujeres.

 

Mi madre, hoy, que es el futuro de entonces,

no puede ver ni disfrutar los adelantos que hay,

pero sí comprobó cómo, el tiempo y la desidia,

destruyeron los dos lavaderos públicos:

El que había en lo bajo de mi calle 

y el que estaba en la otra punta del pueblo.

El progreso los arrasó a cambio de nada.

 

Mi madre anhelaba siempre nuestras visitas,

por eso, al besarnos veíamos su dolor no cicatrizado.

Y, al irnos, nos despedía con el mismo tintineo:

“Ya os vais otra vez, qué poco dura lo bueno…”.

En su interior había miles de deseos no alcanzados.

Eso sí, cuando se arreglaba para que fuéramos

a cualquier sitio, de contenta, le brillaban los ojos.

 

Mi madre murió en mayo de dos mil trece,

siempre tratando de vencer el día a día

para poder mejorar el futuro de los suyos.

Pero nunca llegó a comprender del todo

por qué en Canal Sur daban tantas voces

ni por qué repetían tanto las cosas.

Quizás porque la ven muchos mayores...

 

  

lunes, 19 de abril de 2021

POEMA Nº 60. VIVENCIAS DE PADRE

 

Vivencias de padre

 

Si veo que algo presiente,

insisto en que me lo cuente.

Si quiero que ella no juegue,

la llamo y, a veces, viene.

Si escucho lo que ella cuenta,

sonrío y le da vergüenza.

Si está contenta, va y salta.

Si se fatiga, descansa.

Si le apetece, ella canta,

bien, o según su garganta.

Si cuenta, qué cosas dice,

a veces, se contradice.

  

Como quiero que se vaya,

voy aprendiendo a dejarla.

Como pretendo que aprenda,

trato de que ella lo entienda.

Como yo le pido que ande,

ríe, y me dice que aguante.

Como tiene algún capricho,

llora, y caigo en entredicho.

Como sé que es muy feliz,

con frecuencia, hay un desliz.

Como me gusta que lea,

coge los cuentos y hojea.

  

Donde siempre ella y yo vamos,

a veces, nos peleamos.

Donde vamos de mañana,

siempre va con pocas ganas.

Donde ella siempre se duerme,

con los juguetes te pierdes.

Donde más yo la recuerdo,

es ilusionada y riendo.

Donde más la quiero ver

es lista para aprender.

Donde más hemos sufrido,

sí sabemos cómo ha sido.

  

¡Cuánto yo te necesito,

que sin ti, casi no existo!

¡Cuánto, mi niña, te adoro,

que tus penas yo las robo!

¡Cuánto yo  te quiero ver,

que sueño el amanecer!

¡Cuánto dolía tu ausencia,

que soñaba tu presencia!

¡Cuánto busqué tu mirada

que mis ojos se secaban!

¡Cuánto te he echado de menos.

Ojos de lágrimas llenos…!

 

Porque con las penas vengo,

vete; no acabes sufriendo.

Porque te quiero más fuerte,

vete; y que tú tengas suerte.

Porque ir contigo quisiera,

vete; sé más libre fuera.

Para que por mí no sufras,

vete ya, donde tú quieras.

Para ver mucho del mundo,

vete y decide tú el rumbo.

Porque deseo que seas,

vete y coge lo que veas.


 

Quien tu pena consolaba

perdida en aquella playa,

quien ya te hacía soñar

para verte disfrutar,

quien te mandaba callar

al oír barbaridad,

quien gozó cuando bañabas

a tu cola lateral,

quien te releía amable,

“El hombrecillo indomable”,

quien al final te besaba

veía que tú soñabas…

 

 

 

 

NUEVO LIBRO: POEMAS E IMÁGENES (AÚN SIN PRESENTAR)


 



domingo, 21 de marzo de 2021

Poema nº 50. Precisamente ahora

 

 


Precisamente ahora

 

 Ahora, en estos momentos,

cuando más nos necesitamos

y cuando más falta nos hacemos,

precisamente ahora,

es cuando más tardamos en comprendernos

y en volver a sonreírnos.

 

Ahora, en estos momentos,

cuando nos estamos habituando al vivir lento

 y cuando más saboreamos el paseo tranquilo,

precisamente ahora,

es cuando más rápido enfurecemos

por cuestiones poco importantes.

 

Ahora, en estos momentos,

cuando nuestras miradas son más cortas

y nuestros intereses están más ocultos,

precisamente ahora,

es cuando más tiempo necesitamos

para entrecruzar miradas y sonrisas.

 

Ahora, en estos momentos,

cuando la ausencia de personas queridas

y los contratiempos ocupan la mente,

precisamente ahora,

es cuando con más frecuencia

parece como si nos estorbáramos.

 

Ahora, en estos momentos,

cuando vemos señales de soledad temida

y que nos rodeamos de tantos recuerdos,

precisamente ahora,

es cuando los detalles dulces y cariñosos,

se alejan cada día un poco más.

 

 

 

  

domingo, 21 de febrero de 2021

Poema nº 49. Tu ausencia me duele

 

 



Tu ausencia me duele


 Ahora, en estos momentos,

mientras me duele tu ausencia,

recuerdo el hecho implacable

y me vuelven a doler los oídos.

 

Cuando miro a mi alrededor,

siento que estoy más triste,

estoy destrozado por el dolor

y, también, por el dolor de todos.

 

Poco a poco, lentamente, tu ausencia

en mi mente se agranda, aumenta,

crece y crece y, silenciosa, se apodera,

se apodera como la mancha de aceite.

 

Una mancha tranquila, pero imparable,

que ocupa todo el lugar que puede.

A veces, tengo presente tu imagen,

aunque guardo pocos recuerdos.

 

A ellos me aferro con fuerza,

como si fueran sueños de amor,

sueños de amor que son imposibles,

que están guardados en la memoria.

  

Más que recuerdos bellos,

son recuerdos generosos.

Recuerdos donde se compartía

la alegría y sobre todo la presencia.

 

Donde nada estaba previsto,

pero se huía de la tristeza,

se compartía el jardín de la palabra amable

y la mirada sonriente, sonriente y agradable. 


domingo, 7 de febrero de 2021

Poema nº 48. ¿De dónde soy?

 

 


¿De dónde soy?

  

Los otros días, estando en Conil,

un viejo amigo me presentó:

-El vivió aquí, ahora vive en Sevilla,

pero nació en un pueblo de Jaén.

 

 Así resumió mi trayectoria.

Añadí: Jaén era la tierra de mis padres

y Begíjar, donde nací. Además,

mi forma de hablar es de por allí.

 

Tengo rasgos y vivencias que son

de varias familias: una de posaderos,

otra de agricultores, cargueros, muleros…

En definitiva, todos jornaleros del campo.

 

 Mi familia, como todas, mezcla personas y oficios,

yo también añado los lugares donde nací y he vivido.

Hoy me siento mezcla de la tierra de mis padres

y por otro lado, la tierra que a mi hija vio nacer.

 

De la tierra en la que nací, me fui temprano,

para huir del campo, como advertía mi madre,

y, quizás por eso, siempre estoy dispuesto a volver.

Volver al pueblo que me vio huir, al poco de nacer.

 

 A estas alturas, cuando mi mujer y yo hemos vivido

casi veinte años de este siglo y cerca de la mitad del pasado;

ahora serán nuestros miedos y deseos, junto a nuestra hija,

los que decidan dónde pasar lo que nos quede por vivir.