domingo, 31 de mayo de 2020

Poema nº 37. Sevilla

Sevilla
 
En los campos de los alrededores,
aires de olor penetran en mi cuerpo.
Asoman flores blancas en árboles frondosos.

Agradables llanuras plantadas de árboles,
donde se mezclan hojas verdes y flores blancas,

flores blancas que, más tarde, serán las naranjas.
 
Flores bellas, flores de azahares.
Azahares blancos en verdes sendas,

que lucen al sol y juegan con las sombras.

Son imágenes que buscan la alegría,
imágenes que, al verlas, quitan la pena.

Así, callados, nacerán los frutos tempranos.
 
Y cuando se aproxima el jueves de la noche grande,
la noche grande de luna llena, para acortar la espera,

el azahar, a diario, perfuma con sutileza.

Con mucho cuidado, despoja su esencia,
en silencio, esparce el aroma de todas las flores;
a cambio, la ciudad duerme y se inunda de sueños.
 
El aire, siempre pendiente, ayuda y se vuelve brisa.
Silente, dispersa olores relucientes que adornan la noche.
Y Sevilla, atenta, agradecida y callada, como siempre, brilla.
 


viernes, 15 de mayo de 2020

Poema nº 36. EL mar

 
 
 
EL mar
 
El mar, mi mar, en la lejanía.
Ahora mismo, mar, te estoy viendo.
Fijamente, mar, te estoy mirando.

El mar, mi mar, pleno de quietud,
te veo saltarín en la orilla,
y juguetón con la arena.

El mar, mi mar, de llanura, de color.
Mi mente se llena de agua de color dulce,
cuando juegas con el sol al esconder.

El mar, mi mar, de duro color al fondo.
Que eres verde o azul con las barcas,
y blanco salpicón, cuando tus olas rematan.

El mar, mi mar, tranquilo y quieto.
Duro mar, frío mar, grande mar,
que estremeces, que envuelves.

El mar, mi mar, que eres desleal,
que como amante pérfida te vas.
Que siempre dominas o quieres dominar.

El mar, mi mar, que te dejas querer,
que, en muchas ocasiones, haces gozar.
Que, llegado el momento, matas, mar.

El mar, mi mar, querido y añorado.
En la lejanía, sigo oyendo tus versos.
Tu entrañable y amoroso cantar.
 
 
 

sábado, 25 de abril de 2020

Poema nº 35. Malos tiempos pasados


  


Malos tiempos pasados

 
Cuando los malos tiempos
estaban pasando, la veía poco,
apenas cuando se levantaba
y daba los buenos días.

Antes también los daba,
pero ahora no se reía,
y además sé que,
por las noches, a solas, lloraba.

En los malos tiempos pasados,
para tenerla cerca,
le prometieron darle el mundo
y ella, se lo puso por montera.

Como era joven y confiada,
quería ser libre, experimentar;
lo entregó todo a cambio de nada,
se entiende, que estaba enamorada.

Ahora, los malos tiempos pasados,
casi los hemos olvidado;
hoy en día ella comienza a contar,
aunque nunca cuenta demasiado.

Pero, una cosa es segura,
se ríe bastante más y, por si fuera poco,
ese otro mundo pasado,
por momentos, parece olvidado.

Espero que solo queden recuerdos
de los malos tiempos pasados.
Recuerdos de días duros
y noches largas, de noches sin fin.

Ante la amenaza,
a una frase nos agarramos,
    que nos hizo endurecer:
          “Lo que no te mata, te hace fuerte”. 

 ¡Qué triste!
 
 

 
 

viernes, 3 de abril de 2020

Poema nº 34. Primavera de blancos alhelíes

  
 
Primavera de blancos alhelíes

Alhelí blanco en la negra noche,
hilera de blancos alhelíes. 
 
Alhelí blanco en el claro día,
cielo azul con blancos alhelíes.

Alhelí blanco en la callada primavera,
susurros de blancos alhelíes.  

Alhelí blanco que alimentas y alegras,
como leche materna de blancos alhelíes.
 
Alhelí blanco y flores de muchos colores,
las más bonitas, las de blancos alhelíes.
 
Alhelí blanco, delicado racimo perfumado,
de olores de blancos alhelíes.
 
Alhelí blanco, música serena de color,
del color de los blancos alhelíes.
 
Alhelí blanco en la orilla del mar,
donde juegas con olas de blancos alhelíes.

Alhelí blanco y puerta de la primavera,
de la verde primavera y de los blancos alhelíes.

 

sábado, 14 de marzo de 2020

Poema nº 33. A vosotros


 

A vosotros
 
 A vosotros, dioses,
dioses de otros mundos
que nadie os ve,
porque sois oscuros
como la noche negra,
y que decís que un día
vivisteis con nosotros.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si nos conocéis a todos,
cuidéis de los que sufren.

 A vosotros, dioses,
dioses invisibles
que nadie sabe dónde estáis,
pero que todo lo veis
y todo lo conocéis ,
y que sabéis que todos os tememos.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si verdaderamente
hacemos las cosas mal,
nos enseñéis el camino correcto.
 
A vosotros, dioses,
dioses todopoderosos del amor,
pero que a menudo
empuñáis el bastón de la ira
e inundáis la tierra
con todas las calamidades.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si el poder absoluto os pertenece,
dejad que los hijos sean
los que entierren a sus padres.
 
A vosotros, dioses,
dioses que nunca estáis contentos,
pero que tenéis bellas
representaciones patriarcales,
y que, a menudo,
sois destructores de la vida.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si la muerte es dolorosa,
evitéis que se haga
la dueña de la vida.
 
A vosotros, dioses,
dioses predicadores de la pobreza
como forma de vida,
pero que el oro
lo manejáis con astucia,
y que atesoráis riquezas
hasta más no poder.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si la pobreza es injusta,
seáis menos ricos y permitáis la equidad.
 
A vosotros, dioses,
dioses todopoderosos e inmorales,
pero que se os hacéis ver
como portadores de la bondad,
y que permanecéis subidos
en los pedestales de la muerte.
A todos vosotros, yo os pido, os exijo,
desde hoy y para siempre,
que, si en verdad esta es vuestra tierra,
consintáis que esta sea
una buena tierra y fructífera.
 
A vosotros, dioses,
dioses que os proclamáis
creadores de la vida,
pero que consentís
que maten en vuestro nombre,
sabed desde ahora,
que no queremos a los dioses que dicen ser
buenos, poderosos, justos,
generosos,  inmortales, sabios…
para luego, día a día, comprobar,
 ¡con tanto dolor!, que no lo sois.

lunes, 2 de marzo de 2020

Poema nº 32. Olivares de Jaén,… (y III)

 

Olivares de Jaén,… (y III)
 
Olivares de Jaén,
con múltiples variedades,
ejército de muchos frutos
unos morados y otros verdes,
que con un sonido propio
iban cayendo al mantón,
tirado por hombres con vara
vestidos con pantalones de pana.
Hoy el sonido, con fuerza tonante,
lo hacen las vibradoras.
 
Olivares de Jaén,
de hoja perenne y troncón fuerte,
ejército de ramas verdes
con pies de dura madera,
que con dureza os agarráis al suelo,
siembre buscando agua
para dar buena cosecha
de grasa líquida y de leña,
para que en el frío invierno,
se echen lumbres, que alegran y calientan.
 
Olivares de Jaén,
muchas cosas han cambiado.
Ya no se ve el ejército
de cuadrillas y manigeros,
que cargaban las bestias
con sacos de aceituna
y que, a ritmo lento,
los llevaban a la almazara,
donde, poco a poco, sin hora fija,
la jornada terminaba.
 
Olivares de Jaén,
que al final de la cosecha,
se agradecían los días de sol.
Ejército de sombras que se alargan,
cuando la tarde y la noche se acercan.
 Todos sabemos que, tratan de ocultar,
las piedras talladas y los tesoros,
de los íberos, romanos o moros.
Tesoros que hacen que Jaén sea bella,
una bella tierra de altivos emigrantes.
 

viernes, 7 de febrero de 2020

Poema nº 31. Olivares de Jaén (II)

 
 

Olivares de Jaén (II)
 
Olivares de Jaén,
hermosura de troncos retorcidos,
que decía el poeta con toda razón,
y que ahora sois ejército
de jornaleros eventuales,
ejército de dolor y sufrimiento,
que la temporada de aceituna,
aún modera la escasez,
ayuda para seguir adelante
y, en parte, quita el hambre.
 
Olivares de Jaén,
mezcla de colores,
que hoy formáis
un ejército de emigrantes.
Que sacáis vuestras raíces
al medio de la camada
o las hundís en la tierra
que os alimenta y os da agua.
Recordad que, con la aceituna,
las deudas se pagaban.
 
Olivares de Jaén,
de eneros fríos y duro esparto,
que formabais ejército de olores,
de muchos capachos y cimbeles.
Aceituna prensada en la almazara
que esparcía aromas y sabores.
Sabores que los niños íbamos buscando
con nuestro hoyo de “paniaceite”,
que nos daban las abuelas,
con sal o azúcar, nada más verte.
 
Olivares de Jaén,
de fríos amaneceres,
que formabais ejército
abundante de vida y belleza,
donde siempre había restos
de nidos y madrigueras,
y que, en los años de buena cosecha,
como si las olivas quisieran avisar,
las hojas, complacientes,
se daban media vuelta.