viernes, 8 de noviembre de 2019

Poema nº 26. Quiero ser como cualquiera...

 
 
Quiero ser como cualquiera

Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que cuando
quiere decir algo, canta.

 Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta a la alegría,
pero que también canta a la pena.

Quiero ser como cualquiera,
que canta al amanecer,
pero que también canta a la noche negra.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta a la mañana clara,
pero que también canta a la tarde sombría.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta al despertar alegre,
pero que también canta al sueño profundo.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta a la alborozada partida,
pero que también canta al que vuelve enseguida.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta y que, poco a poco, se aproxima,
pero que también canta a favor del viento que distancia.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta el encuentro,
pero que también canta la alegre despedida.
 
Quiero ser como cualquiera,
cualquiera que canta la alegre despedida,
pero que también canta la despedida fría como la muerte.
 
¿A la despedida fría como la muerte?...
Sí. Como la muerte. 
Como la muerte de la persona querida…
 

viernes, 25 de octubre de 2019

Poema nº 25. Tu risa joven

 


Tu risa joven
 
Al verte, levemente, te sonrío,
porque, de repente, asoma tu risa joven.
Muchos mensajes me envía tu cara sonriente.
Ella me dice, con suavidad, que eres feliz.
También me lo dicen tus blancos dientes,
a los que ocultan tus labios fuertes.
 
Tu risa es próxima, seductora,
más aún, parece limpia y sincera.
Porque nada pide, nada exige,
porque nada ni a nadie espera.
Ella se ofrece, como la mañana fresca,
como la mañana tranquila y serena.
 
Pasa un momento y, de nuevo,
te sonrío y te vuelvo a mirar.
Tu foto está enfrente.
Ahora, por lo que sea, tu risa
me parece que espera una señal,
aunque sea leve, aunque sea ligera.
 
Como nos pasa en la sobremesa,
ahora espera la mirada amable.
Como cuando hacemos el guiño
y celebramos con un brindis entre amigos,
o como el brindis de familia, donde buscamos
la complicidad, la mirada, la sonrisa sana.

 

domingo, 13 de octubre de 2019

Poema nº 24. Aún guardo aquella imagen

 


  

Aún guardo aquella imagen
 
¿Recuerdas, Carmela?
 Aún guardo aquella imagen
de nuestra hija fundida con la teta.
Tenía un ojo guiñado y te miraba
de forma tierna, dulce y placentera.
 
Ella, estaba recién nacida,
vivía su primer otoño.
Tú, recostada en el sillón
de aquel octubre brillante,
que no dejaba irse al verano.
 
Ella, con su carita redonda,
quieta, sudorosa, satisfecha…
Tú, henchida, la mirabas callada,
mientras, tus ojos le hablaban de amor.

La preparabas para crecer.
Aún recuerdo, cuando juntos,
embelesados, le hablábamos.
Parecía que esperábamos respuesta.

Éramos conscientes de que no podía ser,
pero nada nos apartaba de ella.
Luego, al poco tiempo,
llegaron sus primeros pasos
y ya no paró de crecer.

Cuánta alegría, cuánta risa
mezclada con ocurrencias.
A sus torpes andares, pronto,
se le unieron medias palabras.
 
 Desde entonces, casi en un instante,
todo ha sido tan rápido, tan veloz,
que solo nos quedan sombras sueltas...
¿Recuerdas, Carmela?...
 
 
 

 
 

sábado, 28 de septiembre de 2019

Poema nº 23. Mi calle

 
Mi calle
 
Mi calle, una calle de mi pueblo,
es la calle en la que yo viví mi infancia,
y está frente al camino del Calvario.
 
Entre mi calle, empinada, y el camino,
en medio, estaba la fuente de La Tripa,
junto al matadero, donde bebían las bestias.
 
Allí acudían, casi a las mismas horas, a beber,
al acabar la faena y con andar cansino, se acercaban.
El mulero silbaba y con las manos aclaraba el agua.
 
En mitad de la calle, estaba mi casa,
hecha de piedras de un antiguo palacio.
Pero allí no había limonero, ni huerto claro.
 
Aunque sí había un corral, con “minao” y un torreón.
Allí se criaba una oveja, con conejos, marrano y gallinas.
Allí también había estercolero, lebrillos y una pila.
 
Como el corral era grande, además de bardales,
en él quedaba parte de la antigua muralla.
“No subáis al torreón”, decía mi abuela.
 
Frente a mi casa había un huerto,
que fue del antiguo palacio del obispo.
Allí vivían Sebastián, Dolores y sus hijos.
 
Como la calle era empinada, hacia la mitad,
había un peñón, donde se sentaban
algunos de los que subían, para descansar.
 
Allí fui yo pequeño, pero poco tiempo.
Enseguida mi hermano mayor se fue a estudiar,
el mediano, porque otra cosa no se podía, buscó colocación.
 
Luego yo me fui al internado y, poco después,
nos cambiamos de calle, con la casa nueva aún por terminar.
El mayor se casa en Madrid y el mediano se va a Barcelona.
 
A partir de entonces nos juntamos en vacaciones,
sobre todo, por Navidad. Y ahora, todos casados,
aparecen los nietos: algarabía familiar.
 

sábado, 7 de septiembre de 2019

Poema nº 22. Como el sonido de la piedra al chocar

 
 
 
Como el sonido de la piedra al chocar
 
Ahora mismo, tengo la muerte presente.
Es guardián celoso, está aquí delante.
Como está quieta, callada y fría,
da la sensación de que está dormida.
 
Parece que no existe,
parece que no la notas,
aparentemente no la percibes,
pero como niebla densa, todo lo invade.
 
Como poderosa tirana te obliga,
a veces, te obliga a mirarla con fijeza.
Entonces se aprovecha de la situación
y llena tu mente de imágenes duras.
 
De situaciones vividas o soñadas,
de recuerdos lejanos, distantes,
pero que te dejaron bastantes huellas.
Huellas de una vida imaginada o pasada.
 
Sin querer, la tristeza te domina;
ahora, nada parece igual,

parece que, por momentos, flotas.

En un instante, encuentras tu vida vacía.
 
Y parece que caes en un pozo al que no le ves fondo,
ya empiezas a notar la caída, y con ansiedad esperas…
Esperas, como esperas el sonido que hace la piedra,
el sonido que hace con el agua del pozo al chocar.
 

miércoles, 3 de julio de 2019

Poema nº 21. Alcalá de Guadaíra, donde vivo

 
 
 
 
Alcalá de Guadaíra, donde vivo
 
Desde el Duque hacia el Castillo,
todavía era día temprano.
Era aún temprano, en este día tranquilo,
cuando subíamos por cuestas sin vecinos.
 
Envuelto en mis recuerdos,
hoy, ellos y yo, juntos hemos subido.
Hacía todavía un poco fresco,
desde el Duque hasta el Castillo.
 
Un aire tranquilo, quieto,
nos derramaba sonidos remotos.
Nada ni nadie hacía ruido,
sin embargo, ecos lejanos he sentido.
 
Deseaba yo que fueran ecos,
o, más bien, que ecos de alegría fueran.
Quería yo que fueran ecos del alba,
ecos de Joaquín el de la Paula.
 
Y entonces, como quería soñar, soñaba.
Soñaba yo ser el aire, y lo era.
Y por momentos, y con fuerza,
en mi mente ecos y aire se entreveran.
 
Soleares, arte, esencia, sentimiento y tierra.
Miseria, gracia, pasión, quejío y juerga.
En mi mente, en un instante,
los ecos y el cante se entreveran.


jueves, 20 de junio de 2019

Poema nº 20. Mancha Real, otro de mis pueblos

 

Mancha Real, otro de mis pueblos
 
La primera vez que fui a Mancha Real,
fíjate qué lejos está,
que tardé más de veinte años en llegar.
Y, la verdad, lo hice porque me llevaron.
Perdón, es una broma,
en realidad, me invitaron.
 
Y además de lo lejos que está,
me pregunto por qué tardé,
tanto tiempo en llegar. En primer lugar,
fue necesario coincidir en una fiesta;
más tarde, brindar con cava;
y encontrar a la persona que yo esperaba.
 
Luego, por suerte, fuimos a tropezar
con Camarón en Pegalajar.
Posteriormente, coincidimos en Granada.
Allí nos conocimos un poco más.
De nuevo, nos volvimos a juntar,
hablamos de todo y vuelta a empezar.
 
Casi sin darnos cuenta,
nos habíamos enamorado de verdad.
Aunque Mancha Real sigue estando lejos,
 las cosas algo han cambiado.
La autovía, terminada, nos acerca.
Ya se sabe, nunca demasiado.
 
El cariño, la familia que nos espera,
hace que, durante el verano en la plaza,
mi Carmela me siga contando,
lo que aquello en otro tiempo era.
Hablamos de muchas cosas,
entre otras, de Letraña y La Manchuela.
 
También de Los Murciélagos,
de La Peña del Águila y  El Almadén.
Llegamos a Las Pilas, bajamos por el Soto,
y de nuevo en la plaza, hasta la ermita.
Allí vemos si el Aznaitín tiene montera.
Mientras tanto, Sierra Mágina y la vida, esperan.