miércoles, 2 de enero de 2019

Poema nº 8. Dioses


 
Dioses


Dioses señores del mundo,
 desde hoy y para siempre,
yo os suplico, os pido que,
si en verdad esta es vuestra tierra,
nos permitáis hacerla  fructífera.

 
Dioses nunca vistos, invisibles,
a los que todos siempre tememos,
 yo os suplico, os pido que,
si realmente lo veis todo,
advirtáis a los que pueden sufrir males.

 
Dioses destructores de la vida,
que devastáis la tierra,
yo os suplico, os pido que,
si realmente lo hacemos mal,
nos enseñéis el camino adecuado.

 
Dioses de las catástrofes,
que nunca estáis satisfechos,
yo os suplico, os pido que,
si la muerte es dolorosa y triste,
evitéis que se enseñoreé sobre la vida.

 
Dioses que predicáis pobreza,
pero atesoráis riquezas sin fin,
yo os suplico, os pido que,
si la pobreza es absurda e injusta,
seáis menos ricos, menos derrochadores.

 
Dioses todopoderosos,
inaccesibles señores de la muerte,
 yo os suplico, os pido que,
si el poder absoluto es vuestro,
que los jóvenes entierren a sus mayores.

 
Dioses omnipotentes, poderosos,
sabed, desde ahora y para siempre,
que no queremos dioses absolutos,
inmortales, invisibles, sabios, justos…
para luego, a menudo, comprobar,
¡con tanto dolor!, que no lo sois.
 

lunes, 24 de diciembre de 2018

Poema nº7. Carreras a la vida

 
Carreras a la vida

 
Tú que desde joven le echabas carreras a la vida,
tú que anhelabas vivirla rápida y porfiabas con ella,
tú que desde joven te fuiste para buscarte la vida,
tú que eras de figura fina y siempre salías elegante.
Te recuerdo buscando. No sé de qué, pero siempre huyendo.

Quizás, la mayoría de las veces, de ti mismo.
Hasta que te frotabas las manos en el sitio que tocaba.
Y, allí contento, te volvías radiante,
todo estaba hecho, no importaba el tiempo,
se paraba la vida, reinaba la alegría.

Surgía la risa, tu filosofía, aparecían tus planes,
los espías, se acababan las prisas.
¿Para qué ir a otro sitio? Amigo de varias generaciones,
todas por ti fueron pasando con pactos,
sin conflictos, sin mayores complicaciones.

Quisiste y fuiste querido:
eras elegancia, porte y finura. Deseado un tiempo,
pocas veces para siempre, dulce en el trato,
rápido y ágil de cuerpo y mente, perdías y ganabas,
unas veces amigos, otras carreras.

Ya algo mayor, tal vez de tanto correr,
la vida se te iba más rápida de lo normal,
notabas que se aproximaba la noche más larga.
Aún te veo arreglado, sereno, fino, elegante, juncal…
hasta que tu cuerpo pudo aguantar.

Nuestro amigo sintió más apoyo que rechazo,
siempre sorteó, porque así lo quiso, la contienda.
A su manera, siempre estaba en su sitio,
donde el decidió, donde quiso y como quiso,
aunque en ocasiones no debiera.

Pocas veces comió en la casa al mediodía:
“La prisa no era buena, ya habrá lugar”.
En los bares, de día, sin molestar, vivió media vida.
La otra media quizás se fue por la noche,
así alargaba el día y la vida no se iba tan rápida.

Nuestro amigo cantó de todo y, en ocasiones,
llegó a emocionar; pero contó muy poco:
del ayer nada, el futuro era lo que había que vivir.
Ya se fue para siempre, sin despedirse, rechazó su homenaje.
¿Para qué lo quería? Muchas veces lo había vivido antes de irse.

Por momentos, te recuerdo vivo,
aunque sé que no lo estás. En ocasiones, amigo,
cuando nos juntamos hablamos de ti.
Ya nada es igual, todo es distinto, todo muy diferente.
Eso sí, a veces, en un instante, parece que estás presente…

 


lunes, 17 de diciembre de 2018

Poema nº 6. Hazme con los ojos señas…


 
 
 
Hazme con los ojos señas…
 
Primero, fueron las miradas,
miradas tranquilas, serenas,
lentas miradas cara a cara.
Luego vinieron las palabras.
 
Dos cuerpos jóvenes,
se cruzan por azar.
Anhelos de amor brillan,
emanan miradas de libertad.
 
Surgió la pasión,
allí mismo, brotó el amor.
Sobraron las palabras,
solo ilusiones, miradas.
 
Caracoleos en baile de vueltas.
Escarceos, insinuaciones,
dos instintos se aunaron
a través de las miradas.
 
Miradas dulces, de frente,
lentas miradas cara a cara.
Al momento, surgió el amor,
sobraron las palabras.
 


martes, 4 de diciembre de 2018

Poema nº 5. Criado desde niño

 
 
Criado desde niño

(“Rosa, sexo; rojo, vida; naranja, curación;
amarillo, luz del sol; verde, naturaleza; azul, arte;
celeste, armonía; y violeta, espíritu humano”).

Criado desde niño para luego ser solo hombre,
y lo que significa, otros matices sexuales no se permiten;
aunque llegado el momento están presentes.

Tantas veces han sido reprimidos,
que tal vez, con más fuerza emergen,
con tanta rabia, que provocan rebeldía o muerte.

Duele la ausencia del día claro
o la contemplación de la noche cerrada,
o la soledad y el silencio que te inundan.

O la valentía, que con fuerza retienes,
o la cobardía, que por miedo contienes,
o porque estás solo, como rama rota y caída.

Entonces, si has sobrevivido al ambiente,
tratas salir a flote, quieres renacer,
intentas ser feliz como puedes.

Cuesta arriba, como puedes, vives tu vida.
Aguantas con algunos apoyos, respiras,
pero cuando más agradeces la ayuda, aparece la ira.

Sentencia la Iglesia: Todo está prohibido,
todo tan negativo, que siempre será pecado.
¡Cuánta inseguridad, cuántos miedos!

¡Cuánto dolor poder aceptar
que el amor está por encima de todo,
y que, entre iguales, también puede aflorar!
 
 
 


domingo, 25 de noviembre de 2018

Poema 4º. Cuando era pequeño


 
 

Cuando era pequeño
 
 
Cuando era pequeño,
aunque había hospitales,
los niños nacíamos en casa,
en nuestra casa de pueblo.
Quizás por eso o por otras razones,
lo defendíamos siempre:
nos sentíamos fuertes,
y además, nos daba confianza.

Mi pueblo era el mejor
frente a todos los demás,

nadie hablaba de diversidad.
Yo nací en una casa de pueblo,
un pueblo rodeado de lomas.
Por el otro lado, caminos
que separan las fincas de olivas
y pendientes que llevan al río.
 

Lomas y pendientes, alcores
que se asoman al río Grande

y al frente las sierras que,
poderosas, recortan su valle.
Donde hasta hace poco había
un río y mucha tierra calma,
hoy como hay tantas olivas,
parece que el río las embarca.
 

Con la carretera nueva,
el puente del obispo no se ciega.

Ya en el río, no hay riadas,
ni los coches paran en los bares.
Junto a la vieja vía hay otra,
por donde el tren pasa.
Casi nadie se levanta y lo mira,
en la vega, ya pocos trabajan.
 

Cuando pasas, ya no se ve Chinchilla,
se hundió la venta de Los Chinos

y la nueva autovía, recién acabada,
nos quita los cruces de caminos.
Al acercarnos, vemos el Villar,
con sus ventanas pintadas,
aunque ni existe la fuente
ni se oye el croar de sus ranas.
 

Más cerca aún, justo casi pegado,
poco antes de llegar a mi pueblo,

desde El Portillo, cuántas bellezas:
el valle, su río, cortijos con olivos
y también, pueblos salteados,
y si atentos seguimos mirando,
sierras al fondo, Jaén con su castillo,
imponente, y al lado, Aznaitín sagrado.
 
 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Poema 3º. Mis terceros veinte años

 
 
 
 
Mis terceros veinte años 
  
Mientras nos ocurren tantas cosas,
por otro lado, también sigue la vida:
amor, pareja, política, trabajo, estudio, escuela.
Vida activa, confianza, miras desde la atalaya,
parece que no hay fin. Todo empieza, nada termina.
 
Pero se van cumpliendo los años,
se acumula la experiencia y comienzas a ver fallos.
La juventud ahora, la miras desde enfrente,
parece más bien resorte que tira hacia no sabes dónde.
Ahora sí son problemas: el sufrimiento de los tuyos aflora.
 
Tratas de mantener la fuerza, luchas con fiereza,
pero ya intuyes la flaqueza. Tienes cincuenta años.
La seguridad da paso a los miedos
que tratas de arropar con los tuyos.
Te aferras, ahora también con necesidad, al grupo.
 
Por otro lado, llega la muerte de tus mayores,
siempre tan dolorosa, siempre tan callada.
Tanto la extrañas, porque no la esperas.
Tanto, que te hace daño, que te conmueves,
que cada vez más, ves lo cerca que la tienes.
 
Ya compruebas cómo día a día, los recuerdos dominan,
está más presente el vacío, o lo que es lo mismo, la nada.
Todo está aquí y ahora: dolores, sueños, alegrías y penas.
El tiempo no es oro, es tiempo de vivir, el tiempo no espera.
El tiempo y la necesitada calma ya de ti se apoderan.
 
Cansado vuelves a casa, las heridas ya no curan fácilmente.
Compruebas que, casi siempre, se apoderan, perduran.
Ya con sesenta, infancia, juventud, amistad y vida pasada
son lugares míticos. Tu pareja te mira complaciente,
entiende, ayuda, sonríe y comprende. (Casi siempre).
 

domingo, 11 de noviembre de 2018

Poema 2º. Mis segundos veinte años

 

                                                  
                          
 Mis segundos veinte años 
 
 
 Llegas al Puerto y te asombra la claridad. 
Tienes escuela, trabajo y diversión.
La Bahía de Cádiz, qué cosa más bonita,
y, además, se derrama la vida.
Aparece el mar: ¡cuánta libertad!
 
Vejer y Conil, llegan detrás.
Parece que el tiempo se ha parado.
Siempre es de día, trabajo y alegría.
Las noches suelen ser cortas
y, más que nada, para descansar.
 
Entre la claridad de la noche y el día
surgen colores, aparecen amores.
Igual que llegan, un buen día, se van.
Pasa el tiempo, a veces tienes miedo.
Volando, han pasado otros diez años.
 
Y cuando la vida parece que está tranquila,
cuando parece que la estabilidad domina.
Todo cambia: ilusión, llega mi Carmela…
Juntos empezamos a vivir una vida nueva.
Nos acoge, Alcalá de Guadaíra, en Sevilla.
 
Cuando solos allí llegamos, nace nuestra niña.
Nos tiene, nos entretiene, nos absorbe.
Cuánta maravilla maneja nuestras vidas.
Tanto nos domina, que ya casi no son nuestras.
Todo pasa por su tamiz. Ella, sin saberlo, reina.
 
Son muchos dulces momentos, cuánta ternura.
La pareja sola se hace fuerte, sola se consolida.
Se resuelven problemas graves, apenas contrariedades.
Pasaron otros diez años. Y tantas cosas pasan, tantas…
que, en ese momento, casi no tienen importancia.